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Don Temporio


“Arcilla eres…” eran las palabras que recordó Don Temporio-como se recuerdan los sueños de forma borrosa- cuando al abrir los ojos el reloj marcaba la hora cero. Aunque la frase le pareció extraña, no se detuvo a intentar precisar su sueño. Sintió mucha sed. Ya eran dos minutos después de la hora cero cuando tomó del buró un sencillo vaso d
cerámica que llenó de agua e hizo la actividad más simple de un ser humano: sorber con ansias. Se dispuso entonces a realizar la historia de ese día donde todo indicaba que debía ir hacia el oriente. Ya ahí, un par de horas después, identificó todo el excedente de alimentos y bebidas del lugar y ayudó a proveer de vasijas y ollas para almacenar lo que serviría para los días consecutivos. Se requirieron más grandes y mejores modelos de recipientes de barro para que todo quedara bien guardado. Se le ocurrió entonces que podían fabricarse más rápidamente, no solo dejando que se secaran al sol para adquirir dureza sino utilizando un fuego permanente, algo que llamaron “horno”. Para las 4:00 horas, ya producían objetos suficientes. Más tarde, alguien del pueblo lamentablemente falleció. Don Temporio tuvo la idea de que en su viaje a la muerte, el fallecido podría necesitar tomar algo de agua. Escogió un vaso de cerámica recién realizado, pero le pareció que le faltaba algo. Tomó un objeto punteado e hizo incisiones en la pasta casi seca logrando un dibujo de líneas y triángulos que de pronto le parecieron agradables, tomó el vaso de cerámica adornado y lo colocó en la tumba como objeto funerario. Su corazón se sintió más aliviado y todos en el pueblo apreciaron su buen acto, al punto de considerarlo un nuevo hábito. Cuando el reloj de Don Temporio marcaba las 7:00 hrs, revisó su agenda que señalaba viajar todavía más al oriente. En el camino notó como en muchos lugares el asunto del almacenamiento también lo estaban ya resolviendo y que esto a su vez provocaba riqueza en algunos lugares. Al disminuir la necesidad del trabajo, las gentes tenían tiempo de apreciar el cielo, los árboles y flores, entonces decidieron dibujar en los objetos de barro, lo que observaban de la naturaleza, para llevarlos a sus casas. Don Temporio reconoció entonces la variedad de formas y figuras al grado de considerarlas bellas. Para las 11:00 hrs. observó que los objetos decorados en masa se producían por cientos. “Van a tener que intercambiarse ” pensó. Al llegar al oriente, mucho más lejos, le llamó la atención como ya a las 13.00hrs., el bello decorado continuaba, pero ahora con un material diferente, delicado y suave, casi vidriado. “Porcelana”, leyó en un estante donde los jarrones se exponían. Tuvo la osadía de tocarlos y para su sorpresa generaron una sonoridad timbrada y clara, hermosa. Su curiosidad lo acercó al taller donde se producían, solo para ver que el objeto punteado que el utilizó alguna vez para marcar unos dibujos, se había convertido en pincel y que no era un molde en el que se vaciaban, sino era una persona que a su creatividad pintaba un diseño único, convirtiéndolo en objeto de arte. Notó que el alivio del corazón anterior se había transformado en admiración contemplativa, y en ese estado, siguió su camino. Don Temporio consultó su agenda, 16:00 hrs: ir al occidente. Cuando Don Temporio tenía sed en el viaje y tomaba un vaso de agua, notaba cómo los colores y los materiales de las tazas y vasos cambiaban, lo que no le sorprendió finalmente al identificar que solían coincidir con el color de la tierra que pisaba. Ya en el occidente, a las 18:00 hrs, al caminar se iba tropezando con tantas cosas que encontraba a su paso, de metal y de plástico, se aturdía con el ruido que generaban las fábricas con el movimiento ajetreado del comercio de objetos de todo tipo. Observó infinidad de materiales, formas, modelos, diseños, variedad de lo que podría servir para tomar un café, una loza completa para una familia o para contener todo tipo de bebidas, para regalar, para vender, para volver a comprar, de ornato simple o bellísimo, de tipo funerario, con todo tipo de caracteres simbólicos, caricaturescos y hasta con nombres marcados así como diseños estilizados y semi deformes. Ahora con el corazón algo abrumado y antes de emprender el regreso, adquirió una taza cualquiera con una inscripción que no se detuvo a leer. Para las 20:00 hrs. de la historia de ese largo día-mundo, llegó a casa, tomó su taza nueva y le sirvió una bebida reconfortante y la colocó en el buró. Casi para conciliar el sueño, con los ojos semi cerrados, a punto de dormir, alcanzó a leer la inscripción de la taza que decía…”y en arcilla te convertirás”.

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